El método ikigai: qué es y cómo aplicarlo
Lo que casi todo el mundo llama «el método ikigai» es un ejercicio de cuatro círculos. Sirve para ordenarte, pero no es lo que promete. Aquí, cómo usarlo bien y qué le falta.
Cuando alguien busca «el método ikigai» casi siempre está buscando lo mismo: el ejercicio de los cuatro círculos que promete encontrar tu propósito cruzando lo que amas, lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y aquello por lo que te pagan. Vamos a usarlo, pero con los ojos abiertos: ni es un método japonés ni hace lo que dice el póster.
Qué es «el método ikigai»
El llamado método ikigai es, en la práctica, una plantilla de reflexión. Rellenas cuatro áreas y observas dónde se cruzan. En el centro, en teoría, estaría tu ikigai. Como herramienta para ordenar la cabeza cuando estás perdido con tu trabajo o tu vocación, funciona: te obliga a mirar a la vez cosas que solemos mirar por separado.
Ahora, la letra pequeña: ese esquema no es de origen japonés. Nació de un diagrama sobre el propósito y se le puso la etiqueta «ikigai» años después. Así que llamarlo «método ikigai» es, siendo honestos, un poco tramposo. Es un buen método de autoconocimiento profesional; no es la definición del ikigai.
Cómo aplicarlo bien
Si vas a hacer el ejercicio, hazlo sin la presión de encontrar la casilla mágica del centro. Tómatelo como cuatro preguntas para pensar tu vida, no como una ecuación que hay que resolver:
- Lo que amas. Qué haces que te absorbe hasta perder la noción del tiempo.
- En lo que eres bueno. Qué se te da bien de verdad, aunque no le des importancia.
- Lo que el mundo necesita. Dónde lo que haces le sirve a alguien más.
- Por lo que te pagan. Cómo te sostienes —con la honestidad de que esto es real, pero no es la medida del sentido—.
La clave está en no exigir que las cuatro coincidan. Si encajan, bien. Si no, no significa que no tengas ikigai. La intersección perfecta —la famosa zona ikigai— es pequeñísima y, para mucha gente, vacía. El ikigai japonés no vive ahí: puede estar en un solo círculo, o fuera de los cuatro.
El método de los cuatro círculos describe bien lo que haces. Se olvida de lo más importante: desde dónde lo haces.
Qué le falta al método popular
Aquí es donde IKIGAIER propone otra cosa —y conviene decir que es una elaboración propia, no tradición japonesa—. El método de los cuatro círculos se queda entero en una dimensión: el hacer. Lo que produces, construyes, aportas. Lo llamamos Ikigai Activo.
Pero deja fuera la otra mitad: el ser. Desde dónde haces lo que haces, con qué presencia y qué coherencia, sin traicionarte en las decisiones pequeñas. Lo llamamos Ikigai Consciente. Se puede tener una vida impecable en los cuatro círculos y estar, a la vez, bastante lejos de uno mismo.
El método IKIGAIER, en corto
Frente a rellenar un diagrama, el método IKIGAIER se practica como un recorrido de cinco gestos, pensados para unir el hacer y el ser:
- Parar y escuchar.
- Mirar dónde te has alejado de ti.
- Reconocer las máscaras que te sostienen.
- Bajar de la mente al cuerpo.
- Cerrar y elegir un primer paso.
No es más complejo que el diagrama; es más honesto sobre lo que un método puede y no puede hacer. Ninguno te «da» tu ikigai: te ayudan a reconocer el que ya está ahí.
El método se practica en solitario, pero a veces necesitas vivirlo con otros.
Conocer el taller IKIGAIER →Si quieres el marco completo antes de aplicar nada, empieza por qué es el ikigai. Y para la parte práctica, cómo encontrar tu ikigai paso a paso.